“Evocando a María Liliana Herrera A.” – Olga Lucía BETANCOURT

Texto presentado en ocasión del  conversatorio La Balada: ¿género literario o música para planchar? (25/11/2021), para celebrar los 30 años de la publicación del libro de Liliana: La Balada: Una Aproximación

Como en este coloquio se quiere hacer un homenaje a la memoria de María Liliana, y especialmente a que se cumplen 30 años de la publicación de su primer libro: “La Balada, una Aproximación”, entonces mi evocación me lleva a su recuerdo, a nuestro amor por la música, compartido en encuentros en las Tabernas, o “Fuentes de Soda” como se les llamaba en esa época, y donde sólo se escuchaba la balada.

Puedo decir que fue a través de ella, de su sensibilidad y esa pasión que ponía en todo lo que amaba, mi aproximación a este género musical.

Primero fue Sandro, en cuyas composiciones descubrió elementos poéticos en el lenguaje, dramáticos en el dolor de vivir y de amar, sin hablar de su intensidad interpretativa, que nos transmitía realmente esa vivencia amorosa de la que se hablaba en la canción.

Eran sorprendentes los matices que ella le extrajo a las letras y melodías de las Baladas. Su sensibilidad musical, floreció en ése su primer libro: “La Balada. Una Aproximación”

Escuchar música con Liliana, era estar en silencio, y solamente sentirla, compartiéndola de una manera visceral, lo cual creaba un fuerte lazo emocional y la canción era comprendida en todas sus palabras, disfrutando mejor su melodía.

Después de Sandro, ella descubrió la balada italiana. Recuerdo que empezó a estudiar esta lengua para aproximarse más al contenido de sus letras. Y aunque yo estaba sumida en otros cantantes y géneros musicales populares (el blues, el slow-blues, la milonga, el tango), ella me transmitió la balada desde una percepción profunda, desde un nivel de reflexión y de hondura frente al amor y a sus circunstancias.

Entonces las baladas se nos convirtieron en algo cercano y nos fueron revelando una esencia en sus letras (Como la canción Sirenas de Barcos..de Claudio Baglioni, en la que ella descubría una dimensión poética de lo cotidiano. “Cosas de la Vida” que va desmenuzando el dolor y la evocación de lo inconcluso. “Señora Melancolía” en la versión de Mina, que posee el dolor de lo que se desvanece en el Tiempo

y nos va marcando con la nostalgia. Esas canciones son la imagen más emotiva y fresca que poseo de Liliana. Me las grabó en un casete, y son como ese regalo que siempre me acompaña.…

Y hablando de casetes, quiero remarcar un detalle para mí, inolvidable. Ella llegaba a mi apartamento con una o dos cajas para guardar zapatos, llenas de música. Iba sacando de ellas los casetes de su corazón.  Reconozco que seguí esa buena idea de guardar mis casetes en esas cajas, donde quedaban precisos.

Es un dolor recordar esos momentos de música en mi pequeño apartamento, descubriendo con ella, a Mina y la poesía de Baglioni, la importancia de Sandro en la revolución de la balada romántica.  Ahora sólo me acompaña el dolor de las cosas huídas. Y sólo puedo andar tras de sus huellas musicales, para que su presencia siga llenando la soledad. Hay seres que singularizan nuestros momentos y Liliana Herrera era uno de ellos.

Era como evanescente entre las palabras de las baladas que le hablaban al amor, apasionada en el ritmo de la danza que embriagaba la noche. Era como el tango, en la hondura de sus letras, que nos oprimía en la eterna melancolía de las cosas imposibles.

Pero en lo más profundo éramos la soledad de las almas lúcidas. Y ese fue, tal vez, el lazo más estrecho que nos ligaba, sin palabras. Porque de la lucidez no se habla, se siente, se comparte, en todos los instantes. En el profundo desamparo del vivir.

El dolor de su ausencia, es el de una ruptura frente a la Vida y al Tiempo. La impotencia de lo que nunca volverá a ser. El gran silencio de esa otra dimensión donde se ocultaron los momentos esenciales que, de alguna manera, le daban un sentido a nuestra existencia, compartiendo esos instantes que nos ayudaban a soportar la rutina de la Vida.

La ausencia definitiva es por momentos intolerable. Y con Liliana, tal vez nos ocurre a los que teníamos el placer de acudir a sus reflexiones o a esos intensos momentos musicales que difícilmente se pueden compartir con plenitud.

Cada uno de nosotros, la evocará de una manera muy personal, y llorará su ausencia en las carencias que nos quedaron con su partida.

Y en las baladas que escuchemos, siempre aparecerá su resplandeciente sonrisa, su apasionada mirada y sus palabras, acogiendo amorosamente la intensidad de cada una de sus historias que le cantan al amor.

Olga Lucía Betancourt S
Pereira, Octubre 12 2021.

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